
El café más frío y más silencioso que alguna vez hayan compartido, como si ya no fueran los mismos. Nada podía reconocerse de aquel amor que se tuvieron, el aire era irrespirable, denso, cargado de incomodidad y esfuerzo por disimular la ausencia de tanto amor desvanecido hoy de estos dos cuerpos extraños que se miraban sin reconocerse, sin encontrarse como solían hacer en aquella mirada dulce que los envolvía hasta fundirse en un solo cuerpo. Hoy en esa mesa de café había mas que dos, había un abismo que los separaba o quizás no, porque no eran ellos los que estaban sino la muerte de ese amor que agonizo tanto tiempo, eran dos almas con los ojos fríos y vacíos, aquel vació y frió que te deja la muerte. Ella en varias oportunidades sintió que el la tomaba de la mano, y que su mano la calmaba como solía hacer y que su cuerpo se inclinaba sobre el del para abrazarlo como tanto le gustaba, pero era su fantasía que todavía lo deseaba con ternura. Nada podía burlar ese momento ni siquiera su mente fantasiosa, porque esos dos cuerpos ausentes lo decían todo, tanto que fue el silencio mas escuchado
