sábado, 27 de diciembre de 2008

Sus lágrimas derraman un pasado que se transforma en presente, un pasado que nunca se fue, que se hace instante, carne, frió,que se impone para quedarse.
Un pasado que no pregunta porque sabe que hay un alma que lo reconoce, que aun lo siente y que quizás nunca dejo de convivir en ella.
Un pasado que maneja a la perfección, quizás por tiempo vivido, por recorrido e instalado sin permiso, pero inconscientemente aceptado.
Un pasado que vino para quedarse...